A un año: ecos de Beat en Chile

Hace un año, en el marco de su gira por Latinoamérica, los músicos de King Crimson, Adrian Belew, en guitarra y voz principal, y Tony Levin, en bajo, Chapman stick, sintetizador y segundas voces, se presentaron en el Movistar Arena, con su formación Beat, para la cual reclutaron a músicos de insuperable magnitud: el sólido baterista de Tool, Danny Carey en batería y percusiones, y el guitarrista y compositor, Steve Vai, reconocido por su carrera solista y por formar parte permanente en G3 Tour.
Beat presentó el grueso de tres álbumes fundamentales de la discografía de King Crimson, y por lo demás, bastante influyentes en la historia del rock: Beat, desde cuyo título nace el nombre de la formación, un disco lanzado en el año 1982 e inspirado en el estilo sesentero del british beat y sus principales exponentes de la literatura; Three of a Perfect Pair, lanzado en 1984, un álbum entre sensiblero, enérgico y experimental; y Discipline (1981), un álbum que marca un hito en la historia de King Crimson debido al cambio de formación, ya que ingresan Belew y Levin a la banda, quienes contribuyen con sus propios sonidos y estilos, y que por supuesto todo fan de la agrupación distingue por ser una obra de arte perfecta y representativa del rock progresivo. Aproximadamente en ese orden, Beat nos cautivó con estas magnas piezas musicales.
En definidas cuentas, el show fue redondo, perfecto y épico: Desde la voz del histriónico y carismático Belew que, aun a pesar de los años, mantiene su timbre, energía y dinamismo vocal hacia el último segundo del espectáculo; hasta el maestro Carey, quien -sabemos- domina con una perfección matemática, tanto los tiempos milimétricos como la ejecución de su percusión con destacable holgura, sin advertir la evidente complejidad de la composición de cada tema; pasando por el virtuoso Vai, para quien las piezas de Fripp no fueron un desafío imposible de lograr, caracterizado por sus guitarras agudas, sus acrobacias expresionistas que todo lo pueden y -por qué no mencionarlo- también por su excéntrico estilo; y, por supuesto, por el versátil Tony Levin, caracterizado por su artificiosidad musical, al pasar por el stick, bajo, sintetizador e incluso percusiones.
La jornada estuvo dividida en dos partes, en la primera, de una duración aproximada de 45 minutos, los músicos introducen con Neurotica, y luego interpretan Neal and Jack and me, Heartbeat, Sartori in Tangier, del álbum Beat (1982), y continúan con Model man, Dig me, Man with an open heart, Industry, Larks tongues in Aspic (Part III), del álbum Three of a Perfect Pair (1984), composiciones que dejaron al público estupefacto y con ansias de espectar lo que estuviera por venir.
Luego de una pausa de 15 minutos, comienza la segunda parte del show con Danny Carey de pie, completamente solo en medio del escenario: él y sus tres pares de pads ejecutando una majestuosa introducción a Waiting man, que sería la última canción del disco Beat que interpretarían en el show. En medio de un escenario oscuro, cuya única iluminación apuntaba hacia esta escena, entra Adrian Belew con otro par de baquetas a unirse en la percusión con gran destreza. Fue un momento alucinante al cual se unió Tony Levin en el stick y, finalmente, Vai en la guitarra, mientras los músicos poco a poco volvieron a sus puestos originales. En este segundo tiempo -de una duración aproximada de 70 minutos- los músicos interpretaron la mayor parte de los temas del álbum Discipline (1981): The sheltering sky, Frame by frame, Matte kudasai, Elephant talk, Indiscipline y Thela hun Ginjeet, entremedio de los cuales incluyeron dos temas del Three of a Perfect Pair (Sleepless y la canción homónima del álbum), y por el mismo precio, hacia el final del concierto, la banda nos obsequió presenciar en vivo la canción homónima del álbum Red, publicado en 1974, una reliquia que todo melómano sabe apreciar y valorar debido a su alta complejidad progresiva y lenguaje musical delirante.
No es exagerado declarar que fue un show de primer nivel, en el que pudimos contemplar a estos selectos y relevantes músicos desenvolverse sonrientes, con vehemencia, cada uno con gran comodidad y soltura en el escenario, independientemente de la precisión que se requiere para ejecutar cada uno su disciplina. En esta liturgia progresiva pudimos presenciar extravagancias que no ofrece cualquier agrupación, desde los refinados pasos de baile de Steve Vai, hasta artilugios no tan convencionales en un espectáculo musical, como un destornillador eléctrico utilizado como slide en la guitarra de Belew, o la cámara fotográfica de Tony Levin, a quien se sorprendió en varias ocasiones tomando registros al público y a sus colegas músicos.
A un año del exorbitante concierto de Beat en Chile, aún hacen eco en mis oídos las palabras de un espectador quien, al término del show, se preguntaba “¡¿Cómo se vuelve a la vida después de esto?!”. Puede que cada uno de los espectadores nos guardemos ese momento como un orgullo en algún rincón de nuestro interior, como quien se encuentre con un peregrinaje élfico marchando por un paisaje celestial, una imagen difícil de conjugar con el día a día.
Si te lo perdiste o deseas revivir este gran momento, en YouTube se encuentran disponibles registros audiovisuales del show completo.


